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Cáncer Ejercicios y dietas saludables

1 enero, 2018

Desde que nacemos, traemos en nuestro cuerpo células cancerígenas. Cuando el sistema inmunitario está fortalecido, ejerce una acción destructiva sobre estas células, para prevenir su multiplicación y la aparición de tumores.

Cuando una persona padece de cáncer de cualquier tipo, se debe a factores que afectan su sistema inmunitario, como componentes ambientales, el estilo de vida, hábitos nocivos para la salud – científicamente demostrados como tales – y/o el consumo de alimentos que poseen elementos que activan el desarrollo de células cancerígenas.

Se puede padecer de cáncer, pero eso no limita el poder tomar acciones sencillas que ayuden a fortalecer el sistema inmunitario, e impulsar mejoras en el organismo y en la calidad de vida de la persona.

Cambios por considerar al momento del diagnóstico

El golpe emocional de enfrentar el cáncer

Cuando una persona recibe la noticia que padece de cáncer, el golpe emocional puede ser tan fuerte que requiera de tiempo para asimilar esa situación. Emociones como incredulidad, rabia, miedo, enojo, son comunes en esta etapa, y muchas de ellas pueden llevar a que la persona experimente cuadros depresivos delicados.

Un artículo publicado por la Sociedad Americana de Cáncer revela que aproximadamente una de cada cuatro personas con cáncer, realmente se deprime. Este estado es fácilmente detectable porque a menudo la persona tiene muy poca energía, el deseo de hacer las cosas decae, se siente inútil o impotente y presenta muchos problemas al momento de tomar decisiones.

El permanecer en un estado depresivo, puede hacer que sea mucho más difícil mantenerse al día con los planes de tratamiento del cáncer además de afectar gravemente el sistema inmunológico, al ocasionar que se bajen las defensas de la persona con el consecuente desarrollo de la enfermedad.

Por eso es importante que la persona se active llevando a cabo diversas acciones que puedan ayudarle a fortalecer su sistema de defensa. Cambios en su alimentación, en ejercitar su cuerpo, en sus hábitos cotidianos, en su actitud y visión de vida, actividades sencillas que le brinden sentido y calidad en esa difícil etapa.

Alimentación

Dieta del paciente con cáncer

La primera acción a llevar a cabo es matar a las células cancerígenas de hambre. Al igual que los seres humanos, las células del cáncer requieren alimentarse para vivir. Así que, sin remordimiento alguno, puede dejar de darles de comer los siguientes alimentos:

  • Azúcar: Este es uno de los preferidos de las células cancerígenas. Erradicando el azúcar refinada y los edulcorantes artificiales, se corta con un importante suplemento alimenticio para el cáncer. Si su cuerpo le pide azúcar, puede consentirlo con miel de abeja natural, en pequeña cantidad.
  • Sal refinada: Este elemento contiene químicos que la hacen de color blanco. Una alternativa más sana y natural, es la sal de mar, conocida también como sal gruesa o marina.
  • Harina blanca refinada: Pese a ser un ingrediente común en la elaboración de alimentos procesados, su exceso de hidratos de carbono puede generar un aumento acelerado de los niveles de glucosa, que nutre a las células cancerígenas. Un sustituto natural es la harina integral que contiene todos los nutrientes que requiere nuestro organismo para estar alimentado.
  • Leche: Ocasiona que el cuerpo produzca una mucosa en el tracto gastro-intestinal que alimenta al cáncer. Al sustituirla por leche de soya o de almendras, se declara la muerte de las células cancerígenas.

El cambio de hábitos alimenticios no tiene por qué ser un trauma

Los cambios en los hábitos alimenticios no son un trauma

Existen muchos alimentos con propiedades y nutrientes que pueden ser excelentes para mejorar la salud y muy agradables al paladar.

Una copa de vino tinto al día puede ser una atractiva forma de brindarle al cuerpo antioxidantes y vitaminas esenciales para su reforzamiento. Aún cuando contiene alcohol, el vino tinto tiene un ingrediente activo, conocido como resveratrol, que ha demostrado eficacia al impedir el crecimiento de células cancerígenas en varias zonas del cuerpo.

Igual pasa con el té verde. Contiene polifenoles y otras variantes de antioxidantes que evitan la división de las células cancerígenas, lo que reduce la probabilidad del desarrollo de tumores en el cuerpo.

Consumir un 20?alimentos cocinados (granos, por ejemplo) y un 80% en jugos, vegetales frescos, frutas y semillas, ayuda al cuerpo a crear un ambiente alcalino.

El jugo de vegetales frescos abastece al cuerpo de enzimas vivas que son rápidamente absorbidas, para nutrir el crecimiento de células sanas. Por esto, es recomendable ingerir vegetales, tanto crudos como en jugos, de 2 a 3 veces al día.

Ejercicio

Hacer ejercicios durante el cáncer

Una excelente iniciativa, en caso que no esté integrado a la rutina diaria de la persona, es incluir ejercicios físicos entre sus actividades cotidianas.

El hacer ejercicios tiene múltiples beneficios para la persona, como son: la mejora del apetito y del sueño, el control de estrés, de la ansiedad y del estado anímico, el aumento de los niveles de energía, el fortalecimiento de los músculos, la reducción del dolor y la generación de movimiento del cuerpo, la mejora de la salud ósea y la reducción del riesgo de incidencia del cáncer, gracias al descenso de los niveles de insulina y a la activación de la circulación de las células inmunológicas en la sangre.

Por otra parte, se ha comprobado que las células cancerígenas no prosperan en un ambiente oxigenado. Por lo tanto, hacer ejercicio con frecuencia y respirando profundo, ayuda a llevar oxigeno al nivel de las células.

Es importante que la persona se ejercite tanto como le sea factible. Puede iniciar con un plan moderado de ejercicios e ir incrementándolos de manera paulatina, conforme a como vaya respondiendo su cuerpo. Entre los ejercicios más recomendados se encuentran los estiramientos, el yoga, la natación y caminar.

Mejores hábitos

Uno de los factores que más propicia el desarrollo de las células cancerígenas es la producción de acidez en el cuerpo humano. Y eso pasa no solo cuando se ingieren alimentos altos en contenido ácido, sino cuando continuamente se experimentan emociones negativas extremas.

De acuerdo con la neurociencia, la emoción es la respuesta de nivel básico que altera el estado físico de la persona al crear reacciones bioquímicas en el cuerpo. Esta emoción puede ser medida a través de la variación en la presión arterial, la respiración y los latidos del corazón, entre otros cambios del cuerpo. Nace de estímulos externos, están interconectados con el instinto y poseen una corta duración.

Estas emociones crean un fuerte lazo con los sentimientos, que no son otra cosa que asociaciones mentales y reacciones que experimenta la persona, de acuerdo a su experiencia personal de vida. Estos sentimientos son generados en el subconsciente lo que ocasiona que su efecto, en la memoria emocional, sea continuo y repetitivo.

Sentimientos como el rencor, el temor, la tristeza, la ira, llevan al organismo a crear un ambiente ácido y de tensión. Cuando la persona vive continuamente inmersa en emociones negativas, es más propensa a caer en estados depresivos que comprometen al sistema inmunológico, al bajar las defensas del cuerpo, y en definitiva, el cáncer se hace más potente.

Retomando la Vida

Retomar los hábitos de vida normal

No se trata de esconder esas emociones, todo lo contrario. Lo conveniente es expresarse y dejarlas salir. Lo importante es no permanecer anclado a ellas. La mayoría de esas emociones provienen de pensamientos creados, y creídos, por la misma persona.Una buena fórmula para no crear un círculo vicioso de pensamientos nocivos es darle actividad al pensamiento en otras áreas.

El compartir con otras personas, el desarrollar otras actividades que sean placenteras, como dibujar, escuchar música, bailar, recibir masajes, escribir, brindar apoyo social, entre otras, genera sustancias neurotransmisores como la dopamina, la serotonina, la endorfina, que brindan beneficios en el organismo reduciendo la ansiedad, el dolor, la depresión y el estrés; mejorando el ánimo, brindando mayor energía y motivación; aumentando la capacidad de pensar, enfocarse y tomar decisiones, entre otros.

Otra cosa importante es tomarse tiempo para sí mismo. Cuando una persona se prodiga detalles especiales como comer su comida favorita, pasar tiempo con un ser querido o un buen amigo, escuchar la música que le gusta, desarrollar la espiritualidad, realizar actividades que disfrute; refuerza ese estado de bienestar que fortalece el sistema inmunitario a la par que experimenta una mejoría en su calidad de vida.

Tal vez has centrado tu vida en cuidar a otros, en resolver problemas, en equilibrar el entorno que te rodea, en sumarle al mundo externo con tu aporte. Ahora, es tiempo que lo hagas para ti. ¿Qué esperas?