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Descripción de Hepatoma

3 enero, 2019

El Carcinoma Hepatocelular o Hepatoma es el tipo más común de cáncer de hígado y se caracteriza por tener su origen directamente en el hígado (a diferencia de otros tipos de cáncer que comienzan en cualquier parte del cuerpo y luego se expanden a otro órgano). Solo por esto, este tipo de cáncer se considera “primario”.

La mayoría de las personas que lo padecen tienen algún antecedente de enfermedades hepáticas crónicas (como la cirrosis o la hepatitis). Sin embargo, en algunos casos esta afección también aparece en pacientes con enfermedades hereditarias tales como la diabetes y ciertos desordenes del metabolismo.

Si se detecta a tiempo, con una intervención se puede tratar. En casos en los que el tumor ya esté muy avanzado, a este se le considera benigno y por consiguiente no se puede curar, pero con tratamiento y algunas series de modificaciones en el estilo de vida (como en la dieta y en la rutina de ejercicios) se puede lograr prolongar y mejorar la calidad de vida del paciente.

¿Qué es un Hepatoma?

Carcinoma Hepatocelular

Un hepatoma es un tumor que comienza en el hígado, comúnmente surge de células madre provenientes de alguna afección hepática anterior, progresa con la expansión local y puede alcanzar en algunos casos la metástasis. La aparición y desarrollo de este tipo de cáncer es un proceso complejo, que involucra numerosas modificaciones de las moléculas del tejido del hígado, al igual que una gran cantidad de alteraciones en la genética del paciente. El carcinoma hepatocelular es considerado el tercer cáncer con mayor tasa de muertes a nivel mundial.

No se conoce una única causa para esta enfermedad, pero se han determinados ciertos factores que aumentan la probabilidad de contraerla. Algunos de estos factores son los hábitos y los antecedentes médicos de la persona. En los pacientes de este tipo de cáncer es frecuente ver en sus historiales casos de obesidad, diabetes, cirrosis o problemas de absorción de hierro. Estas enfermedades normalmente producen fuertes impactos sobre el hígado, con daños a sus células y por tanto queda propenso a la aparición de mayores problemas a futuro. También el consumo en exceso y rutinario de bebidas alcohólicas pueden aumentar el factor de riesgo de contraer un hepatoma u otro tipo de enfermedades del hígado.

El diagnóstico para esta variedad de cáncer depende de cada médico y de lo que se considere mejor para cada caso. En algunas ocasiones una prueba de sangre resulta ser la manera más práctica: si se detecta una proteína llamada AFP, se puede considerar la posibilidad de un hepatoma o alguna afección hepática secundaria.

En otros casos, el médico puede preferir el uso de una ecografía abdominal, una tomografía computarizada o una resonancia magnética para buscar tumores en el hígado. En una ecografía se crean imágenes del hígado mediante el uso de ondas de sonido, la tomografía computarizada es una radiografía capaz de tomar imágenes detalladas y por tanto más precisas y en caso de una resonancia se utilizan imanes potentes y ondas de radio para obtener dicha imagen del hígado. De igual forma, el médico puede optar por una biopsia del tejido del hígado, que no es más que extraer una muestra para examinarla en busca de células cancerosas.

Síntomas de la Hepatoma

Piel y ojos amarillos por el hepatoma

Durante la primera etapa es posible que no se evidencie ningún indicio en particular. A medida que el tumor crece, la persona puede presentar distintos síntomas. Podría tener uno o más de los detallados en la siguiente lista:

  • Pérdida del apetito y sensación de llenura.
  • Debilidad, fatiga profunda o agotamiento.
  • Dolor en la parte superior derecha de su vientre.
  • Un bulto o sensación de pesadez en su parte superior del abdomen.
  • Hinchazón del vientre o abdomen.
  • Pérdida de peso.
  • Náuseas y vómitos.
  • Piel y ojos amarillos.
  • Orina oscura.
  • Fiebre.

Ante la aparición de uno o más de estos síntomas lo mejor es someterse a un tratamiento prescrito por el médico, así como asistir regularmente a consultas para mantener bajo control el avance de la enfermedad. Al igual que con otros tipos de cáncer es necesaria la vigilancia constante y fija de cada señal que vaya dando la enfermedad.

De igual forma, se pueden tener en consideración algunos hábitos alimenticios que sean beneficiosos, así como ejercicio para reducir en parte la posibilidad de aparición de esta enfermedad a edad temprana. Lo mejor es que se adquiere mayor resistencia a los riesgos presentes en el ambiente y favorece al desarrollo del sistema inmunológico por lo que se puede tener una mejor calidad de vida, más aún para aquellas personas que tienen antecedentes de cáncer dentro de su historial familiar.

Hepatectomía izquierda por mestastasi

En la actualidad existen muchos tratamientos para el carcinoma hepatocelular. Desde aplicaciones de radiación hasta procedimientos quirúrgicos de extirpación del tumor. En el caso de la radioterapia se usan rayos de alta energía para matar las células cancerosas. Dos tipos de radioterapia pueden tratar un hepatoma: en primer lugar, la radioterapia externa que consiste en recostar al paciente sobre una camilla y un dispositivo apunta haces de radiación en puntos específicos del abdomen. En segundo lugar, la radioterapia interna que se basa en la aplicación de inyecciones de pequeñas partículas radiactivas en la arteria que envía sangre al hígado. Estos bloquean o destruyen el suministro de sangre al tumor en el hígado. Las radioterapias pueden causar efectos secundarios, como náuseas, vómitos o cansancio, pero estos síntomas desaparecen cuando se finaliza el tratamiento.

También las quimioterapias para tratar el cáncer son posibles tratamientos, en estas se emplean medicamentos de aplicación directamente en el hígado, este proceso se denomina «quimioembolización». El médico coloca un tubo delgado y flexible en la arteria que suministra sangre al hígado, el tubo administra un medicamento de quimioterapia combinado con otro medicamento que ayuda a bloquear la arteria. El objetivo es matar el tumor al privarlo de flujo sanguíneo. Por lo general, la quimioterapia puede causar efectos secundarios, como náuseas y vómitos, pérdida de apetito, fiebre y escalofríos, dolor de cabeza y debilidad. Es más probable que aparezcan infecciones, hematomas, sangrado y fatiga. Para contrarrestar estos síntomas colaterales se recetan medicamentos que puedan aliviarlos.