Saltar al contenido

Prevención del cáncer de cuello uterino

30 enero, 2019

Conocer los factores causantes del cáncer cervicouterino -aunque suena como lugar común- se convierte en parte importante para ganarle la batalla. La prevención se potencia a partir de la información. Por ello, se considera vital abordar el tema desde un contexto adecuado. El desordenado crecimiento de células que puede originarse en cualquier parte del cuerpo se conoce como cáncer. En la mujer, esta enfermedad puede desarrollarse en la cérvix (parte baja del útero). Este tipo de cáncer aparece gracias al papilomavirus humano (PVH) que puede aparecer con infecciones de transmisión sexual.

A propósito de las razones que originan el cáncer de cuello uterino (CCU), éstas se pueden prevenir, evitando así dicho desorden celular que se ha convertido en el segundo tipo de cáncer más común en la mujer. Asimismo, las estimaciones como las de la Sociedad Americana Contra El Cáncer (ACS en inglés) invitan a la consideración de la importancia por mantener esfuerzos en el desarrollo de políticas de salud y conciencia respecto a prevención del papilomavirus humano. Según estadísticas de la ACS, en este año unos 13.240 nuevos casos de cáncer invasivo del cuello uterino serán diagnosticados. De igual forma, en base a dichas proyecciones, 4.170 mujeres morirían de cáncer de cuello uterino. Las conclusiones que puedan derivarse de estas estimaciones pueden ser variables en la prevención. Esa es la razón para la necesidad de responder preguntas tan frecuentes como vitales.

¿Cómo puede un virus causar cáncer de cuello de útero?

Virus del Papiloma Humano

Un virus de papiloma humano (VPH) genera infecciones que desencadenan en lesiones. No obstante, existen varios tipos de VPH y estos pueden ser de bajo o alto riesgo. El factor clave es la persistencia del virus, pues las lesiones se producen cuando es estos se mantienen. El desorden celular en el cuello uterino se conoce como lesiones y si no se tratan de modo oportuno, las posibilidades de convertirse en cáncer se incrementan.

Los cambios celulares descontrolados que se producen en el cuello uterino dependen de su origen. Los VPH de bajo riesgo producen lesiones de bajo grado que no guardan relación con el cáncer (verrugas por ejemplo). Por otra parte, se ha establecido una conexión directa entre los VPH de alto riesgo y lesiones precancerosas que si no se tratan a tiempo, pueden derivar en cáncer. Ciertas clases del virus de papiloma humano pueden desencadenar hasta más de 80% verrugas genitales. Estas lesiones deben tratarse de modo oportuna, pero no necesariamente causan cáncer cervicouterino. Contraer VPH es más común de lo que se piensa y debido a que muchas veces este puede resultar asintomático, las personas no saben que lo tienen. Este tipo de virus puede desaparecer solo, pero ello no hace prescindible la programación de pruebas periódicas que permiten prevenir las enfermedades que se asocian a dicho virus, entre ellas el cáncer.

¿Cómo puedo protegerme contra el cáncer cervicouterino?

Vacuna para prevenir la infección de VPH

Existen métodos para evitar la transmisión del VPH, cuya infección puede generar lesiones precancerosas. Teniendo presente que el virus se adquiere a través del contacto sexual, el primer método es el preservativo. No obstante, éste no es definitivo. El VPH puede alojarse en partes de la zona genital que no protege el preservativo.

Por otra parte existen dos vacunas que conforman una forma segura de evitar la infección de los tipos de VPH de alto riesgo que producen una gran mayoría de los casos de cáncer cervicouterino.

Teniendo en cuenta lo anterior, se pueden establecer tres fases de prevención. La fase primaria consiste en la administración de vacunas a niñas, antes del inicio de la actividad sexual. De igual manera, reforzar esta medida con campañas de educación sexual y suministro de preservativos a quienes sean sexualmente activos. La segunda fase tiene como objetivo a mujeres de 30 años e implica la detección y tratamientos oportunos de lesiones producto de la infección de VPH. Por último, la prevención terciaria aplica en mujeres de cualquier edad y el tratamiento del cáncer invasor (cirugía, radioterapia, quimioterapia).

Otro elemento que se ha identificado como factor de riesgo es el tabaquismo. A propósito de esto, el dejar de fumar es otra acción fundamental para evitar este tipo de cáncer en la mujer.

¿Cuándo debo vacunarme?

Vacunación de las niñas entre 9 y 13 años

La vacunación constituye una clave contra el VPH se realiza por lo general a niñas 9 a 13 años de edad. Las pruebas clínicas han demostrado eficacia en la prevención de los virus de papiloma humano que producen cáncer de cuello uterino. Sin embargo, ambas vacunas deben aplicarse antes de la exposición al VPH. Esto significa que deben administrarse antes del inicio de la actividad sexual. El propósito de las vacunas no es el de tratar enfermedades relacionadas al virus, tales como el cáncer. Debido a esta razón, es necesario aclarar que contraer el VPH no significa tener cáncer. Por otra parte, las contra-indicaciones de la vacuna son muy puntuales. Aunque hay edades recomendadas, una persona puede vacunarse después de haber contraído un VPH. Esta vacuna no tratará el virus, pero podrá brindarle protección de otros tipos de virus de papiloma humano que pueden generar lesiones genitales leves o incluso, lesiones precancerosas.

¿Cómo se administra la vacuna?

La vacuna se administra en tres dosis durante el transcurso de seis meses. La segunda inyección debe aplicar dos meses después de la primera y al cabo de 4 meses más, se administra la tercera y última dosis. La Organización Panamericana de la Salud (OPS), en una nota de orientación conjunta con la OMS (Organización Mundial de la Salud), denominada Prevención y control integrales del cáncer cervicouterino: un futuro más saludable para niñas y mujeres, expresa la preocupación por aplicar estrategias que garanticen que aquellas niñas a las cuales se destinan programas de vacunación, acudan regularmente para recibir las dosis requeridas en el lapso que garantice la efectividad de las misma.

Una de las estrategias planteadas por la OPS, implica programas de vacunación en las escuelas con mayor nivel de matrícula. De igual forma, la efectividad en campañas de educación y comunicación termina siendo determinante para obtener resultados satisfactorios en el grupo destinatario. Así de importante, resulta la administración de la vacuna antes del inicio de la actividad de sexual, cuando ésta es más efectiva. A partir de allí algunos países han iniciado programas en los que se aplica la vacuna a niños y niñas a temprana edad. Y es que los niños no están exentos de contraer el VPH que puede generar otros tipos de cáncer menos comunes (ano, pene, etc).

¿Tiene efectos secundarios la vacuna?

Vacunas para la prevención del VPH

La vacuna cuenta con tres marcas en el mercado (Gardasil, Gardasil 9 y Cervarix) y ha demostrado ser muy segura. Los efectos secundarios no trascienden el dolor y enrojecimiento de la zona en la que esta se inyecta. Sin embargo, su origen y la desinformación ha sido clave para la generación de polémica respecto de su aplicación. La vacuna proviene de una enfermedad de transmisión sexual (ETS) y ello causa cuestionamientos a la administración de la misma en destinatarios en los que será más efectiva: niñas entre 9 y 13 años que no están expuestas a la infección del VPH. Contrario a lo que algunas personas han considerado, la vacuna no tiene incidencia alguna en el inicio de la actividad sexual de quienes la reciben. Sino que los protegerán de verrugas genitales o cáncer durante su adultez.

¿Debo ponerme una vacuna de refuerzo?

Un refuerzo depende de la indicación médica. La vacuna solo se aplica con tres dosis a lo largo de seis meses y suele descartarse luego de cumplir 26 años de edad. Un factor que no necesariamente impide recibir la dosis. No obstante, debe someterse a consulta con el médico correspondiente, pues aún cuando las tres marcas de la vacuna protegen contra el VPH de clases 16 y 18 (que producen el 70% los casos de cáncer), no todas previenen la infección de otros tipos de VPH de bajo riesgo que pueden causar lesiones de bajo grado (verrugas). Ante ello, es importante recordar que algunos tipos de VPH pueden no ser percibidos por la paciente y por ello, más que un refuerzo a la vacuna, las pruebas periódicas constituyen una de las maneras fundamentales para prevenir el cáncer de cuello uterino o en su defecto, marcar el inicio del tratamiento oportuno para curarlo.

¿La vacuna me protege contra el cáncer de cuello de útero?

La vacuna protege contra la infección del virus de papiloma humano, causante de la mayoría de casos cáncer cervicouterino. Todas las marcas tienen un común denominador: protegen contra los tipos 16 y 18 de VPH, reduciendo el riesgo de cáncer en un 70%, pero algunas vacunas evitan la infección de otros tipos de virus de papiloma humano. Por ejemplo, Gardasil, también es eficaz evitando los tipos de VPH 6 y 11 (estos causan el 90% lesiones de leves). Por su parte, la Gardasil 9, impide la infección de los tipos 31, 33, 45, 52 y 58. Estas variaciones pueden causar cáncer no solo en el cuello uterino, sino también en zonas genitales tales como el ano, vulva o vagina.

Una vez vacunada, ¿debo someterme a la prueba de detección periódicamente?

La citología vaginal

Someterse a pruebas exploratorias y para la detección de forma continua sigue siendo fundamental en la prevención del cáncer de cuello uterino. Debido a esto, se considera como la fase secundaria para ello. Las citologías vaginales (prueba de Papanicolaou) y pruebas de VPH son las más comunes y la importancia de su regularidad radica en el hecho de que la vacuna no evitan todos los tipos de virus de papiloma humano. El examen para la detección de VPH puede llevarse a cabo con el análisis al mismo tejido extraído para la citología. Otra prueba común es la Inspección visual con ácido acético (IVAA). Esté examen permite, con la aplicación de una especie de vinagre blanco en el cuello uterino, detectar visualmente las anormalidades.

La exploración ginecológica bimanual es otra de las pruebas más comunes realizadas por el médico y que ayudan a la detección de anormalidades en el útero, ovarios y demás órganos.

¿Debo usar preservativos si estoy vacunada?

Uso de preservativos

El uso del preservativo es complementario y fundamental en lo que se ha denominado como prevención primaria. Si bien, no es del todo efectivo debido a que el VPH se puede hallar en zonas que no están protegidas por el condón. Asimismo, una de las principales razones para utilizar es que también permite evitar otras enfermedades de transmisión sexuales tales como el VIH-Sida.

De igual forma, el uso de preservativos puede reforzarse con otras acciones orientadas a prevenir el VPH. Entre dichas medias, está la de retrasar el inicio de la actividad sexual hasta el final de la adolescencia. Además, se puede reducir el número de parejas sexuales. Evitar las relaciones sexuales con personas con que hayan tenido muchas parejas sexuales puede ser tan fundamental como la de evitar este tipo de contacto con personas que presentan síntomas visualmente obvios como verrugas genitales.

¿Puedo recibir la vacuna si estoy embarazada?

Una mujer embarazada no debe recibir ninguna dosis de la vacuna contra el VPH hasta el final de su estado. Actualmente, no existe evidencia concluyente de efectos de la vacuna en bebes de mujeres que la recibieron durante el embarazo. Sin embargo, los médicos e incluso la OMS y la OPS instruyen que ésta no se administre en este caso. Asimismo, es oportuno señalar que la aplicación de la vacuna no se considera una razón para interrumpir el embarazo. No obstante, así como otras, la vacuna contra el virus de papiloma humano está clasificada como categoría B. Esta clasificación, se refiere al grado de seguridad de la vacuna durante el embarazo y la mencionada categoría se ha referencia a la mencionada falta de resultados definitivos derivados de las pruebas en animales.

La lactancia no es un factor excluyente, así que las mujeres que están amamantando pueden ser vacunadas contra el VPH. De igual forma, es preciso destacar los casos en los que una madre transmite el virus de papiloma humano a su hijo son muy escasos. Solo la existencia de verrugas genitales visibles en el canal de parto pueden constituir una vía de transmisión al bebe.