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Síntomas y señales específicas del cáncer

3 enero, 2019

El cáncer es una enfermedad que puede traer consecuencias nefastas a quien la padece. Sin embargo, en muchos casos podría prevenirse un desenlace fatal con solo prestar atención a sus primeros síntomas.

Desde un dolor de cabeza o fiebre sin razón aparente, hasta un cansancio excesivo y constante que no desaparece oportunamente, son todas señales de que algo anda mal e indicadores de que es necesario acudir cuanto antes al médico.

Pero a menudo se subestima el síntoma y en ocasiones, incluso, se retrasa excesivamente la consulta debido a que algunos signos son comunes a otras dolencias de mucha menor gravedad, lo que conlleva a restarles importancia.

Es importante entonces llamar la atención acerca de algunos indicios que no deben ser pasados por alto a la hora de pensar en solicitar asesoría médica, para que buscar ayuda en un principio no parezca un capricho o una pérdida de tiempo.

Y es que, sobre todo cuando se espera que el cáncer sea diagnosticado a tiempo, vale la pena conocer ciertos rasgos específicos que podrían estar alertando sobre la presencia de esta enfermedad en nuestro cuerpo.

Cambio en los hábitos de evacuación o en la función de la vejiga

Múltiples causas suelen atribuirse a irregularidades presentes en la orina o heces, lo que puede disimular su importancia. Sin embargo, cualquier cambio detectado a la hora de evacuar u orinar no debe ser ignorado, especialmente si la persona no ha hecho modificaciones en su alimentación.

Cobran mucha importancia las señales que se presentan como alteraciones en el color, consistencia o periodicidad de las deposiciones, y el estreñimiento, la diarrea o la alteración en el tamaño de las heces podrían ser indicios de que la enfermedad está alterando el funcionamiento de las vías digestivas.

Asimismo, la disminución o aumento de la frecuencia al orinar y la presencia de dolor o sangre en el proceso de micción posiblemente estén asociados a un padecimiento de la vejiga, detrás del cual también podría ocultarse el cáncer.

Llagas que no cicatrizan

Carcinoma de células escamosas en lengua

Cuando se trata de prestar particular atención a la epidermis es muy importante detenerse ante cualquier cambio en la pigmentación de la piel y ojos y tener en cuenta que su oscurecimiento o enrojecimiento es una señal de alarma que debe atenderse a tiempo.

Del mismo modo, un crecimiento desproporcionado del vello o una picazón excesiva pueden ser signos de una anomalía cutánea. Además, llama poderosamente la atención una afección que en apariencia resulta inofensiva y, sin embargo, no debe ser para nada excusable.

Se trata de las heridas que no cicatrizan, aquellas que pueden presentarse en la boca o en la zona genital y suelen ser señales claras de que la enfermedad puede estar haciendo nido en la cavidad bucal o en la piel.

Esto nos lleva a que es crucial dar la debida importancia a una llaga persistente en el área bucal, especialmente si la persona bebe alcohol o fuma. Atendida prontamente por un odontólogo o médico puede evitar posibles complicaciones, lo que sin duda llevaría a prevenir el padecimiento de esta enfermedad en el área oral.

Sangrado o secreción inusual

Cualquiera sea la forma que adopte un sangrado o secreción no habitual debe ser atendida rápidamente por un especialista de la salud. Independientemente de su procedencia, casi siempre dará indicios de un órgano afectado que requerirá ser evaluado por un médico.

Ya sea que se derive de una tos, se encuentre presente en las deposiciones u orina, o haya tenido origen en la vagina o las mamas, un flujo inexplicable suele con frecuencia estar asociado a algún daño relacionado con las etapas más tempranas del cáncer.

No debe desconocerse, tampoco, una expulsión o pérdida irregular de sangre cualquiera sea la vía, aun si no resultara tan evidente, como puede ser el caso, por ejemplo, de la que se encuentra oculta en las heces que a simple vista solo podrían parecer muy oscuras.

Endurecimiento o una masa en el cuerpo

Nódulo en las cuerdas vocales

Palpar con nuestros dedos aquellas partes del cuerpo más vulnerables al cáncer debería ser un hábito. Senos, testículos y ganglios linfáticos, entre otros tejidos blandos del organismo, ameritan ser objeto de una observación constante, sobre todo si se ha detectado alguna dureza irregular en ellos.

El crecimiento de una masa en estas zonas debe llamar poderosamente la atención de las personas, ya que podría ser una señal inequívoca de la aparición del cáncer. Más si tenemos en cuenta que este tipo de manifestaciones puede presentarse incluso en pacientes que padecen una etapa tardía de la enfermedad o cuando ya el cáncer se ha desarrollado demasiado.

Afortunadamente, muchos casos pueden ser debidamente diagnosticados precisamente porque pueden ser manipulados a través de la piel y detectar con tiempo estos bultos o nódulos puede evitar que el cáncer se propague al resto del cuerpo.

Cambios en una verruga o lunar

Verrugas

Eludir una dolencia, sangramiento o desarrollo anormal en los lunares o verrugas del cuerpo también podría traer consecuencias lamentables. Ante cualquier variación en su aspecto, ligada a su coloración, diámetro o simetría, debemos apresurarnos a consultar a un especialista que pueda determinar su origen.

En la mayoría de los casos, esta clase de anomalías alerta sobre la presencia de lesiones que, de no atenderse a tiempo, podría avanzar o desencadenar en un proceso que a la larga malignizarían la enfermedad.

Particularmente, aquellas manchas cutáneas que evolucionan con importantes modificaciones que no desaparecen con el tiempo deben ser tenidas en cuenta como una clara advertencia de una posible afección de la enfermedad en la piel que debería motivar una visita urgente al médico.

Tos persistente o ronquera

Disfagia-Dificultad para tragar

Finalmente, debemos referirnos a los signos que reclaman no perder de vista las vías respiratorias, ya que a partir de una dificultad para tragar, tos persistente o ronquera es posible detectar a tiempo el cáncer.

Así, no debe dejar de preocuparnos una tos o disfonía que perdure después de aplicar algún tratamiento y transcurridos algunos días, especialmente en los fumadores, considerados los pacientes con mayor riesgo de padecer esta enfermedad.

En todo caso, lo aconsejable es no posponer la visita al médico, quien será capaz de hacer una prueba diagnóstica oportuna y conducirnos al fondo de lo que podría ser el primer síntoma de que se está comenzando a padecer la enfermedad, para que cualquier terapia a aplicar se haga de manera temprana y se minimice el riesgo de sufrir una patología más grave.